MEDICACION Y POLIMEDICACION - ADICCIONES EN TERCERA EDAD


Los medicamentos ocupan un lugar central en la vida de muchos adultos mayores, que trasciende su aplicación controlada, con fines terapéuticos específicos y cuyo uso, muchas veces compulsivo, reviste características adictivas, aun cuando no sea esta condición esperable para algunas de las drogas implicadas.

En esta categoría se encuentra el uso de la aspirina como inductora de un mejor estado de animo para enfrentar las tareas cotidianas, el uso irracional de laxantes, el consumo de protectores gástricos, en general asociados a los analgésicos y antinflamatorios.

Todos ellos sostenidos indefinidamente en el tiempo.

Es frecuente la búsqueda en el fármaco de alivio a malestares imprecisos, probablemente vinculados a formas enmascaradas de la depresión, que no son adecuadamente abordadas.

La importancia de esta circunstancia convierte a la poli medicación en uno de los grandes síndromes geriátricos y obliga a que, ante descompensaciones de diversa índole, deban usarse inicialmente técnicas de lavado de drogas, para descartar su incidencia en la situación patológica que se enfrenta.

CONSUMO DE PSICOTROPICOS EN LA TERCERA EDAD:

El uso de psicofármacos es, en lo mayoría de los casos, de origen iatrogénico.

Adicción inducida con intenciones terapéuticas

La incidencia de accidentes de transito, caídas y las resultantes lesiones traumáticas suben dramáticamente entre la gente de mayor edad con el consumo de psicofármacos.

Especialmente, cuando se usan en combinación con otros medicamentos, aumentando la incidencia de efectos negativos de orden cognitivo y otros efectos adversos en esta población.

El abuso del consumo de psicotrópicos en la tercera edad podría encuadrarse dentro de tres causas principales:

PRIMERA CAUSA:

El no asumir que el envejecimiento es un fenómeno biológico, universal, progresivo, ineludible e irreversible, que comienza en el instante mismo del nacimiento y, por lo tanto, las potencialidades de la tercera edad no son las mismas que las de la juventud.

Esto lleva a no poder sobrellevar las perdidas bio – psico – sociales, y el adulto mayor que se encuentra ante una sociedad que es cada vez mas hostil, comienza a padecer el aislamiento, la soledad y la falta de comprensión y, como consecuencia de esto, pasa a la automedicación de psicotrópicos, o a solicitarlos insistentemente al profesional tratante.

El profesional tratante -a veces por comodidad- accede al pedido, sin tener en cuenta la ecuación riesgo - beneficio y consecuentemente la posibilidad de transformar al anciano en dependiente de esa droga. esto hace entrar al anciano en un circulo vicioso, donde el abuso de psicotrópicos lo desconecta de la realidad y, por consiguiente, quienes lo rodean lo marginan aun mas. Las drogas no pueden sustituir el amor, el cariño, el afecto y el tiempo que se le debe dedicar al adulto mayor SEGUNDA CAUSA:

La polimedicación, buscando paliar efectos indeseables de los mismos medicamentos.

Para explicar esta causa es conveniente utilizar un ejemplo:

Existen personas de la tercera edad que llevan una vida normal, sin angustias y con una muy buena inserción familiar; en determinado momento, como es lógico, aparecen algunos trastornos físicos mínimos: disminución de la memoria, ligera perdida del equilibrio, algún mareo, etc., que le produce algunas molestias y por lo tanto, quiere que desaparezcan.

En el mejor de los casos, esta persona de la tercera edad consulta con un profesional médico, que muy pocas veces es geriatra y generalmente, sea necesario o no, se le indica un vasodilatador periférico, pues según un criterio erróneo pero muy difundido, “todos los viejitos tienen que tomar siempre algún vasodilatador”.

Estos fármacos, que tienen indicaciones precisas y deben ser utilizados previo estudio del paciente, no actúan todos de la misma forma, algunos actúan sobre las aminas despertadoras y, aunque cumplen con su objetivo de vasodilatadores, en muchos casos producen insomnio.

El anciano ante esto consulta nuevamente al profesional tratante, el que, en vez de buscar las causas y quizás producir un cambio en la medicación, ve mas fácil actuar sobre los efectos, recetándole un psicotrópico para que el paciente pueda dormir, induciéndolo también quizás impensadamente, a la dependencia de ese fármaco.

En algunos casos estos psicotrópicos producen efectos secundarios, y nuevamente el medico los trata sintomáticamente con otros fármacos, que también pueden producir efectos secundarios, y así sucesivamente.

Esto da como resultado, que al cabo de unos pocos días, el paciente este ingiriendo una impresionante cantidad de medicamentos. Caemos así en la polimedicación, que es sumamente nociva para los mayores. Esto que fue solo un ejemplo, se ve frecuentemente en distintas patologías y en múltiples prescripciones médicas. La situación se agrava cuando, además, se agrega la automedicación, por propia decisión o por consejo de algún familiar, amigo o vecino.

La polimedicación tiene el agravante que, un niño al ir a saludar a su abuelo, al pie de la cama observa la mesita de luz colmada de fármacos, que:

“RESUELVEN TODOS LOS PROBLEMAS”

y el niño crece consumiendo el modelo que los fármacos solucionan todos los problemas. Ese puede ser el primer paso hacia la drogadicción. TERCERA CAUSA: La drogadicción del anciano impuesta por el medio que lo rodea. en este punto queremos denunciar la complicidad institucional, profesional y familiar, que existe en algunos lugares, manteniendo al anciano drogado con psicofármacos

“PARA QUE NO MOLESTE”

A la mayoría de los adultos les resulta muy incomodo aceptar al anciano, con sus limitaciones y deterioros propios de la edad, y en vez de preocuparse por integrarlo tal cual es, prefieren anularlo en sus acciones y expresiones por medio de los psicotrópicos, transformándolo de esta manera en un objeto fácilmente manejable y que requiere poca dedicación, acudiendo para ello a la complicidad del profesional, la que frecuentemente encuentran.

En el caso de los mayores institucionalizados en centros, sanatorios, hospitales y, muy especialmente, en residencias para mayores, se agrega a lo antedicho la complicidad institucional, ya que un paciente que no molesta, requiere menos dedicación y menos personal que se ocupe de el.

Como vemos, existe también la conveniencia institucional de mantener al anciano saturado de psicotrópicos.

La persona mayor impregnada con psicotrópicos es despojado de una de sus partes esenciales: el ejercicio de sus deberes y derechos.

Se le configura artificialmente una perdida de interés en el presente, instalándolo en el pasado y tendiendo a infantilizarlo o impotentizarlo por medio de ataduras farmacológicas.

Esta realidad hace que el mayor quede incapacitado para desenvolverse dentro de la sociedad, forzándolo a una obligada ociosidad. Por consiguiente, se derrocha la historia de una comunidad, y se le niega a esta las posibilidades de desarrollo en un futuro.

FUENTE: http://weblog.maimonides.edu/gerontologia2007/2007/05/medicacion_y_polimedicacion_ad.html

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