Articulo: ¿Por qué nos da miedo envejecer?.


Pero ¿por qué nos da miedo envejecer? Esta fobia o temor que altera la calidad de vida se denomina gerantofobia o gerascofobia y está asociada con la dimensión cultural de cada persona. Aunque todos envejecemos, existe un conjunto de prejuicios y discriminaciones culturalmente arraigadas frente a los ancianos. Somos ‘viejistas’. Los prejuicios negativos dicen que los viejos son enfermos, deprimidos, pobres; que no tienen sexualidad. Los positivos dicen que son buenos, sabios y amables. Los prejuicios contra la vejez, como todos, son adquiridos durante la infancia y, con el paso del tiempo, se van desarrollando y asentando. De ahí la importancia de que papá y mamá, y en general toda la familia, cuiden conductas y den ejemplos positivos durante el proceso de identificación que tiene lugar entre el niño y el adulto, pues es en la infancia cuando se crean respuestas emocionales concretas e inconscientes a estímulos determinados, las cuales se van incorporando y asentando a lo largo del proceso de maduración del niño hacia la adultez hasta convertirse en rasgos propios de su personalidad. Envejecer es universal, irreversible, intrínseco y progresivo. Es el proceso de agotamiento o desgaste celular producido por los cambios genéticos y las lesiones en el ADN. A medida que pasa el tiempo, el ADN –elemento que le dice a nuestro cuerpo cómo funcionar– se va dañando.

En esta etapa, la fragilidad se hace ver y sentir. Aparece un síndrome que se caracteriza por la pérdida de la función motora, la fuerza, la reserva fisiológica y la función cognitiva, y se presenta una mayor vulnerabilidad a la morbilidad y a la mortalidad. Intervienen factores endocrinos, inmunológicos, neurológicos y comorbilidades crónicas. De hecho, las enfermedades neurodegenerativas están influenciadas por el daño en el ADN. Si logramos desarrollar estrategias para un envejecimiento saludable, tendríamos viejos llenos de juventud. Recordemos que la juventud es un ingrediente que trasciende el concepto de edad. Lograrlo es tan sencillo que a veces ni lo creemos y nos complicamos encontrando excusas para no hacer ejercicio, cedemos ante los antojos no saludables y nos permitimos el estrés que enferma e incluso mata. Ya poco socializamos en la vida real, preferimos chatear, y a la hora de invertir recursos lo hacemos en todo menos en nuestra salud y calidad de vida mental, física y espiritual. Terminando el almuerzo del que les contaba al inicio de este escrito, otro de los comensales dijo: “Mi vida fue muy agradable. Miedo a la vejez no me dio y no tengo miedo a estar más viejo. Ya se me pasó la vanidad. Siento incertidumbre. La vejez trae algo importante y es no tener más deseos de poseer, acaparar o de aparentar. Eso sí, lástima estar viejo porque me fascinó viajar. Ya no puedo hacerlo, los pies no me dan, las filas son largas, no me gusta el ruido ni el soroche. Estoy conforme con mi vida y los achaques los acepto con paciencia. ¡Qué afán tengo! No puedo comer o beber como antes, no puedo bailar como antes, no puedo hacer el amor igual que antes, pero sigo disfrutando de la vida y eso ya es sinónimo de juventud!”. Entonces, el papá de mi amiga, a manera de conclusión, dijo: “No me gusta que se me están gastando las facultades y que estoy perdiendo la destreza física, pero lo acepto y eso me permite no sufrir. Y sigo preparándome para la vejez, hago cosas interesantes para que no llegue tan rápido esa decadencia irreversible y que cuando llegue la vejez me coja lleno de juventud!”.


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