La protección solar en las personas maduras


Los especialistas en protección solar coinciden en que las últimas tendencias de este mercado van dirigidas a ofrecer a cada persona la protección que necesita según sus características. Así, es un hecho la reciente aparición de productos específicos, al tiempo que se produce la diferenciación de nuevos segmentos dentro del mercado. La especialización en este campo gira en torno a ciertos grupos de consumidores y sus peculiaridades dermatológicas y fisiológicas (niños, personas alérgicas, hipersensibles, ancianos) a determinadas situaciones de consumo (playa, deportes, esquí), a determinadas zonas corporales (rostro, labios, pelo, resto del cuerpo) y a algunas funciones adicionales (autobronceadores, repelentes de insectos, repelentes de medusas, tratamientos para después del solario). Si a ello se le suman los diversos tipos de formulaciones (leches, cremas, bálsamos, nebulizadores, geles, espumas, aceites, lociones, polvos compactos) y los numerosos factores de protección que se ofrecen (desde 2 a 60) es fácil comprender por qué se habla hoy día de una fotoprotección individualizada y por qué en esta revisión podemos centrarnos en la fotoprotección de un sector concreto de la población: los más mayores.

La madurez se deja sentir en la piel que, a partir de los cuarenta, inicia su particular batalla contra la gravedad. Las patas de gallo se hacen más profundas, el rictus nasofacial se acentúa y el óvalo facial empieza a desvirtuarse. Si no se han tomado medidas eficaces para remediarlo, las arrugas y la flacidez se imponen definitivamente cuando la piel alcanza el medio siglo. Para entonces, la ley de la gravedad ha ganado la batalla, pero todavía queda mucha belleza por delante. A partir de esta edad, el objetivo prioritario es ganar luminosidad manteniendo la piel sana y bien cuidada con los preparados cosméticos y tratamientos que a partir de entonces la piel demanda, protegiéndola al máximo de las agresiones externas, especialmente de las radiaciones solares.

Desde la oficina de farmacia se puede ayudar a que la edad fisiológica no sea un reflejo de la edad cronológica, ya que cuidar la piel de forma adecuada puede hacerla aparentar menos edad de la que realmente tiene. El papel del farmacéutico en la lucha de la persona contra el calendario cobra especial importancia en verano, ya que fomentar unas correctas pautas de exposición solar y recomendar las alternativas dermocosméticas adecuadas son la mejor manera de impedir que los efectos nocivos de las radiaciones solares se ceben con la senil piel de los más mayores.

Piel madura

El proceso de envejecimiento es un fenómeno continuo e inevitable que afecta a todos los seres vivos, a todas sus estructuras y funciones vitales. La piel es el órgano más grande y más expuesto del cuerpo y, por ello, es la candidata ideal a evidenciar de una forma especialmente evidente este proceso.

La tersura se esfuma como consecuencia de los cambios experimentados en las estructuras dérmicas, el músculo y el tejido adiposo subcutáneo, dando como resultado una piel de aspecto seco, áspera, arrugada y con tendencia al amarilleamiento. La sequedad cutánea es una constante en la piel envejecida. Se relaciona no tanto con la producción de sebo, sino con la disminución en el contenido de grasa intrínseco y una menor retención de agua de la epidermis.

Con la edad, sobrevienen procesos bioquímicos diversos que modifican los constituyentes de la piel. Así, el colágeno y la elastina, fibras que mantienen firme la piel, entran en un proceso de debilitamiento y la piel se ve floja, laxa, inelástica y poco turgente. Los capilares sanguíneos se debilitan. La consecuencia más evidente de estos cambios es la aparición de las arrugas, pero también se pierde con los años la capacidad de cicatrización, termorregulación y respuesta inflamatoria (la piel ya no protege adecuadamente de las temperaturas y se incrementa el riesgo de hipertermias y deshidratación).

El sistema inmunitario cutáneo se debilita con la edad. Las células y funciones biológicas van degenerando y así, se calcula que la inmunidad celular de la piel se puede llegar a perder hasta un 50% con la edad. La piel envejecida muestra una ligera atrofia de la epidermis, con alisamiento de las crestas interpapilares y una significativa disminución de las células de Langerhans. Además, la producción de melanina se encuentra no sólo disminuida, sino que está irregularmente repartida, lo que provoca que la piel tenga ese aspecto blanquecino y manchado (lentigo solar o senil) tan característico de la piel senil.

Efectos de la radiación solar

Independientemente de la edad, debe reconocerse que las radiaciones solares poseen una serie de acciones positivas sobre el organismo:

Acción calórica. Derivada básicamente de la fracción infrarroja de la radiación solar. Por sus características físicas, este tipo de radiaciones penetra profundamente en la piel y provoca la dilatación de los vasos sanguíneos, estimulando la circulación y una elevación de la temperatura que es regulada a través del sudor.

Acción antirraquítica. El ser humano no puede ingerir directamente la vitamina D, sino que lo hace en forma de precursores. Para que estos se transformen en vitamina D activa se precisa la acción directa del sol. La exposición de las zonas normalmente descubiertas (cara, brazos, piernas) entre 10 y 15 minutos de dos a tres veces por semana durante el verano, se considera que es suficiente para asegurar las necesidades de esta vitamina. Este efecto es especialmente importante en la edad adulta, puesto que este nutriente favorece unos huesos sanos, deteniendo la osteoporosis y evitando la osteomalacia.

Acción antidepresiva. La luz solar ejerce una acción evidente sobre el estado de ánimo y la vitalidad de las personas. Se ha demostrado científicamente que la luz solar modula las funciones hormonales del cerebro y, por tanto, interviene directamente sobre nuestro estado de ánimo.

Efecto fotoprotector. Para defenderse de las radiaciones, la piel es capaz de desencadenar una serie de mecanismos protectores, como son el engrosamiento de la capa córnea o un aumento de la síntesis de melanina, es decir el bronceado. No obstante, el carácter positivo de este efecto debe tomarse como relativo entre la población madura, ya que la reducción del número de melanocitos favorece la aparición de manchas, lunares o lentigos.

Efecto terapéutico. Hay una gran cantidad de enfermedades y lesiones cutáneas que pueden mejorar de una forma importante cuando la piel es expuesta a las radiaciones ultravioletas. Es el caso de la psoriasis, dermatitis atópica, fotodermatosis o la ictericia neonatal.

En contraposición, durante los últimos años se ha acumulado bastante información científica que avala la consideración de las radiaciones ultravioleta de ser potencialmente nocivas para la piel humana:

Quemaduras. También conocidas como eritema solar. El responsable de su aparición es un exceso de exposición a las radiaciones ultravioleta. Con la edad, se dan cambios en la estructura de la piel que hacen más difícil la percepción de las alteraciones del clima, por lo que el riesgo de este tipo de lesiones es muy elevado entre los más mayores. Las manifestaciones pueden ir desde un ligero enrojecimiento, que aparece entre 6 y 12 horas después de la exposición, hasta la aparición de ampollas que evolucionan hacia una descamación de la piel (lo que se conoce normalmente como «pelarse»).

Fotosensibilidad. Existen muchos medicamentos que hacen que la piel reaccione de forma negativa frente a las radiaciones solares. Es frecuente que las personas mayores sean pacientes polimedicados (antidepresivos, THS, AINE, diuréticos, todos ellos familias de fármacos frecuentemente administrados a personas mayores), lo cual convierte a este tipo de pieles en candidatas ideales a presentar fenómenos de fotosensibilización.

Urticaria solar. Es una erupción cutánea de naturaleza alérgica que incide mayoritariamente en personas adultas y que aparece principalmente en las zonas descubiertas que se encuentran en contacto con el sol de manera especialmente intensa en el verano. La erupción surge al poco tiempo de producirse la exposición y desaparece muy rápidamente cuando el individuo se sitúa en la sombra.

Insolaciones. La deshidratación y una deficiente termorregulación (no hay que olvidar que al envejecer nuestro sentido de la sed o de la temperatura no se estimulan con la misma facilidad que cuando se es joven; además hay otros factores que dificultan el control de la temperatura en personas mayores como son: hipertensión, diabetes, trastornos renales y hepáticos, el uso de medicamentos) al combinarse con una excesiva exposición solar y altas temperaturas pueden ocasionar serios trastornos.

Fotoenvejecimiento. La exposición a los rayos del sol agrava y acelera los cambios del envejecimiento normal en las zonas de la piel expuestas.

Cáncer de piel. Pueden ir desde lesiones precancerosas a auténticos cánceres invasivos. La exposición solar induce igualmente otras lesiones benignas como las pecas o lentigos, que aun cuando se presentan en cantidad variable dependiendo de la predisposición genética, son un indicativo del riesgo de cáncer de piel.

Capital solar e inmunosupresión

Junto a los efectos negativos descritos se ha incidido últimamente en los conceptos de capital solar e inmunosupresión.

Capital solar

Es una herencia genética que contiene la relación de equilibrio entre la cantidad de melanina y la facultad de reparación de las células epidérmicas. De alguna forma, se puede decir que cuando se toma el sol se consume parte de este capital, por esto, a partir de los 50 años empieza a disminuir esa acumulación y acaba desapareciendo. Un factor que condiciona este capital solar es el fototipo: así, los fototipos de I a III (la mayoría de nuestros mayores, dadas las características de la piel senil, pueden considerarse dentro de estos tipos) disponen de poco capital solar, por lo que deben limitar mucho las exposiciones solares y tomar el sol con protección.

En pieles seniles expuestas durante años a la radiación solar la capacidad de «repoblación» de las zonas cutáneas irradiadas se halla seriamente comprometida

Inmunosupresión

Ligado con el concepto de capital solar está el de inmunosupresión. Las células de Langerhans desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la capacidad inmu