AUTOVALENCIA: ELEMENTOS IMPORTANTES DE LA DIMENSIÓN SOCIAL EN LOS ADULTO MAYORES


FUENTES DE APOYO Y REDES APOYO:

Las fuentes de apoyo se pueden clasificar en:

1. Fuentes formales. También llamadas institucionales o burocráticas. Están representadas por servicios de profesionales o voluntarios establecidos, como los programas de salud primaria o los programas de educación municipal, entre otros.

2. Fuentes informales. Están constituidas por redes personales o comunitarias no estructuradas, como por ejemplo: el vecindario, la familia y los grupos de amigos. Los apoyos que pueden proporcionar estas fuentes pueden ser de índole material (dinero, alojamiento, comida), emocional (afecto, compañía, reconocimiento) o cognitivo (información, consejos), entre otros.

REDES SOCIALES Y REDES DE APOYO SOCIAL:

El concepto de “redes sociales” fue acuñado inicialmente por los antropólogos británicos John Barnes y Elizabeth Bott en 1954. Posteriormente, desde el ámbito de la sociología se estableció una diferenciación entre estructura (red social) y función de los vínculos humanos (apoyo social).

“Los efectos de la red y el apoyo social sobre la salud y la forma de medir uno y otro son diferentes. Resulta especialmente relevante conocer con cuántos tipos de vínculos cuentan los individuos y qué tipo de apoyo proporciona cada uno” (Fundación BBVA, 2006, p. 12-16). Sin embargo no todas las redes son de apoyo, ya que en muchas de ellas no existen actividades de asistencia mutua. Los conceptos de redes sociales y de apoyo se relacionan con la idea de protección, puesto que incluyen el conjunto de relaciones interpersonales que integran a la persona con su entorno social. Asimismo, estas redes permiten a la persona mantener o mejorar su bienestar material, físico y emocional, y así evitar el deterioro real o imaginado que podría generarse cuando enfrenta dificultades, crisis o conflictos (Huenchuán, 2003).

DIMENSIÓN INTERNA: LA SOCIABILIDAD:

Alude a la cualidad personal que orienta al individuo hacia los demás, por ejemplo, el interés y agrado que tienen algunas personas, más que otras, de hacer amistades nuevas.

Se pueden distinguir dos ámbitos en los que se despliega la sociabilidad:

1. Sociabilidad vertical, que se refiere a las relaciones cotidianas de las personas con las instituciones.

2. Sociabilidad horizontal, referida a las relaciones entre las personas en cuanto individuos. Ésta descansa básicamente en la cotidianidad de los encuentros “cara a cara” entre las personas. Aquí se establecen y experimentan las formas más básicas del reconocimiento, del afecto, del apoyo y del sentido (PNUD, 137).

La sociabilidad se considera como un principio de apertura y trascendencia que está contenido en la cualidad de lo que se denomina una ‘condición sociable’.

Los sociólogos Valenzuela y Cousiño la definen como la condición que “impulsa a buscar y cultivar las relaciones con las personas, compaginando los mutuos intereses e ideas para encaminarlos hacia un fin común. La sociabilidad refleja identidad y pertenencia a grupos sociales” (2000, p. 321 - 339).

DIMENSIÓN EXTERNA: LA ASOCIATIVIDAD Y PARTICIPACIÓN SOCIAL

Representa la dimensión tangible de la sociabilidad. Es la tendencia que mueve a las personas a organizarse y vincularse para conseguir un objetivo común. Por ejemplo, las personas mayores se reúnen en clubes de la tercera edad para distraerse y realizar actividades de interés común, como participar en talleres o salir de excursión en viajes de turismo.

A partir de estas formas de asociatividad, las personas ponen en práctica su dimensión de ciudadanos activos.

Entre los rasgos específicos de la asociación entre sujetos se incluye:

1. La satisfacción de objetivos comunes

2. Cooperación

3. Apertura

4. Diálogo

5. Confianza mutua.

Estas características suponen involucramiento y compromiso por parte de los miembros, lo que permite a la organización contar con el despliegue de las energías requeridas para sus operaciones Las personas mayores ejemplifican estos conceptos en los clubes de adulto mayor, las asociaciones de jubilados y los voluntariados de personas mayores; entre otros, a los que ellos adhieren cuando lo desean y se retiran casi siempre por razones de salud. La participación social de las personas mayores contribuye a la calidad de vida de las mismas, ya que se relaciona a una mayor satisfacción, menores índices de depresión, mayor integración a la sociedad, entre otros, convirtiéndose también en un factor determinante en el empoderamiento de los propios mayores frente a la sociedad.

FUENTE: http://adultomayor.uc.cl/docs/guia_calidad_de_vida.pdf

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